"Santa Maria" de la Brigada Ramona Parra

martes, 3 de mayo de 2011

Segundo viaje (retomando los hilos)

Abandonado el blog durante meses, en cada regreso pensé ponerlo al día, pero entre informes y presentaciones formales de cada viaje me perdí. Veremos si con este intento no pierdo el envión.
El segundo viaje fue durante unos veinte días entre fines de noviembre y diciembre. Comencé por Valdivia y entre algunas vueltas terminé en Temuco. Entre medio pasaron Niebla, Mehuin, Futrono, Montuelá y Cochahue.

En Niebla me recibieron Nadia y Vaco, veterinarios santiaguinos que se cansaron de la ciudad y se fueron a vivir a este pueblo a orillas del mar para trabajar en una escuelita rural y promover proyectos ecológicos. Mateada de por medio me contaron el por qué de su salida de Santiago y algunos sueños que los llevarían más lejos aún. Nadia junto con Diana (una ecuatoriana recolectora de historias mapuche aunque su cartón diga que es bióloga) me llevaron a Mehuín. Este pueblito costero de pescadores lleva tiempo luchando para que la papelera CELCO no derrame sus porquerías en su fuente de trabajo. Pocos quedan en lucha sobre la costa pero cerro arriba, de dónde nace una afluente del río una comunidad mapuche resiste con el apoyo de Nadia, Diana y un grupo de abogados de Valdivia.

Además de la papelera otra cosilla anda por ahí arrasando con el mundo mapuche. Ya en Lumaco me había llamado la atención que cada cuadra y media se levantara alguna iglesia evangélica, hasta el garaje de una casa funciona como ¿templo? No fue hasta que, en medio de un cerro en Mehuin, encontré una ruka (casa mapuche) convertida en iglesia de los últimos días y de los santos vaya uno a saber de qué cuando me percaté que la cosa va seria. Les dejo la imagen, me reservo mi impresión de cuando la vi.


En la mañana había conocido a Digna, una viejita tejedora que vive de lo que producen con su marido y un hijo mayor en su tierra. Teje sólo a telar mapuche, aprendió de madre tanto el tejido como el tratamiento de la lana. Trabaja con su propia lana y tiñe con pigmentos naturales. Teje para su familia y para turistas que visitan Mehuin durante el verano.
También lo suele hacer para una asociación que cada tanto pasan a retirar algún tejido que les “guste”. Me dice que teje sólo por gusto porque no se “halla” sin sus tejidos ni su telar.

De Niebla pasé a Valdivia, en realidad están a 15 min de camino. Allí conocí a otra tejedora quien según ella es una de las personas que ha rescatado muchas costumbres mapuche en Valdivia. Está a cargo de una organización mapuche que intenta rescatar distintas prácticas ancestrales además del tejido (comidas, agricultura, cosmología). Teje de manera tradicional pero adapta sus tejidos con miras al comercio. Dice conocer todo acerca del tejido tradicional pero lo amolda a los requerimientos del mercado. Sentadita frente a su telar me explica que el rombo que suele tejerse significa una familia caminando. Según ella ese caminar es el exilio frente a la usurpación y es tema recurrente en lo que teje. Se reconoce como mapuche, pero sólo desde los 20 años cuando se pegó la “cachada de que era mapuche”. Sus padres no lo se habían dicho y “algo” recibía de sus abuelos porque según ella “cuando niño uno no cacha, la vida es como te la dicen nomas”. Considera que el tejido fue lo único que recibió como enseñanza mapuche.


Unos días en Futrono gracias a Nancy y Jano para conocer varias tejedoras de esta zona más cordillerana. Dos mujeres de la Isla Huapi a quienes visitaría en enero y una excelente tejedora de la zona de Montuelá. Esta última aprendió de niña, se alejó de lo mapuche y del tejido, y ahora ha retomado con fuerza. Se le deja notar cierto pesar porque cree que el tejido tradicional mapuche se perderá, culpa por ello el hecho de que lo tradicional “no vende”. Ella cumple con los pedidos que le hace una vendedora de Santiago, quien le entrega las directivas de lo que quiere: diseños, colores, tipos de prenda. Para ello tiene que recurrir al uso de tinturas industriales y lana comprada o acrílica. Sus tejidos son hermosos… los suyos… no los de la vendedora.

Finalizando el viaje y una última
escala en Temuco, cercano a Navidad y con ganas ya de llegar a casa para estar con la familia. En Temuco tengo mi “centro de operaciones”, la casa de mi hermanazo Raúl. Aquí siempre aprovecho de recargar energías y una que otra cerveza sureña, de las que parecen jarabes y hacen crecer la “guata”.
Cercano a Temuco se encuentra Nueva Imperial aquí conocí una increíble tejedora, Aprendió de su abuela “postiza” que era mapuche. Ella no se reconoce como mapuche pero siente que hay algo en lo mapuche que la “llama”, sobre todo por medio del telar mapuche. Hasta el momento es la única tejedora de “Ñimin” (técnica ancestral increíblemente difícil) que había conocido.

Luego vendrán los viajes a Isla Huapi y más adelante el trabajo fuerte en Temuco y alrededores. Por ahora espero dedicarme las horitas para elegir fotos y palabras que se me perdieron en estos meses que no escribí y que por estos días (entre micros y buses) comienzan a dejarse ver….


jueves, 21 de octubre de 2010

Arauco tiene una pena

Arauco tiene una pena… escribió y cantó Violeta Parra. Me he demorado más de un mes en escribir sobre el primer viaje. Resulta que no sabía desde dónde escribir. El papel de viajero aventurero me avergonzó cuando llegué a Temuco y vi lo que sucedía. Mientras la tv levantaba la carpa del circo allá por San José, hacia el sur en la IX región se silenciaba el reclamo de los más de 50 comuneros mapuche procesados con una ley de Pinochet que los acusa de terroristas.




La búsqueda de tejedoras se puso difícil. El contexto en el que viven los mapuche en este momento me hizo repensar por qué les interesaría a ellas participar en este estudio. Resulta que están cansados de participar en estudios y que no haya una vuelta hacia ellos, peor aún es que sienten que lo que se termina diciendo de ellos no refleja lo que son. Es un reclamo legítimo del que hay que hacerse cargo y aumenta el grado de dificultad y desafío para mi estudio.
En Lumaco conocí a la señora Teresa. Siendo muy joven dejó su comunidad para trabajar en el pueblo más cercano. Nunca regresó... la voz se le quiebra cuando recuerda que su madre le enseño a tejer y que durante mucho tiempo no lo pudo hacer porque debió trabajar en alguna lúgubre fábrica. Ahora teje y de a poco va recordando que lo aprendido en el taller de tejido ya lo sabía desde niña. Para ella su memoria son sus manos, ellas le dictan que tejer.

Luego conocí en Villarrica a Manuela, por primera vez pude ver en vivo y tocar un verdadero tejido mapuche. Cuando toqué sus tejidos sentí el peso de centenares de años entramados ahí mismito. A Manuela le enseñó su abuela, y ver un tejido realizado por las dos e imaginar cómo se entrecruzaban sus manos hace difícil disimular la emoción. Ahora su hijita comienza a entrelazar sus manos con las de ella.
Los días continuaron, pasaron los pueblos de Padre las Casas, Valdivia, Galvarino y varias personas que me ayudarán a conocer más tejedoras: Paula, Pamela, Ceci, Yanira. Todas ellas trabajando de cerquita a las mujeres y sus quehaceres identitarios.

¿Qué devolverles a estas mujeres? ¿Qué debe entregar este trabajo para que sea un sincero diálogo entre ellas y yo? Pues por el momento no tengo ni remota idea… Pero le agradezco a Manuela que me sembrara la duda, de resultar creo que lo hará más honesto… para con ellas y conmigo.

jueves, 19 de agosto de 2010

Etapa 1



Como bien saben los que me conocen hay un par de cosas que me obsesionan, las creaciones folclóricas (artesanías, músicas, danzas, etc.) y la memoria. Los últimos años fue creciendo mi fanatismo por coleccionar historias de artesanos y entiéndase por estos últimos a todos aquellos que le ponen el alma a su quehacer diario... ojalá lo seamos todos nosotros.

Un gran amigo, un hermano, me dijo hace poquito que yo no me estaba dando cuenta de que en mi vida se estaban encontrando en un mismo punto varios caminos que se venían trazando. Y así llega mi trabajo de tesis que mezcla la psicología creativa, la psicología social de la memoria y cuanta cosa se les haya ocurrido para referirse a una sola cosa, la vida misma. Mírenlo así... la memoria cultural como un gran telar donde se tejen los hilos de la identidad colectiva con los de la creatividad individual. Por cuestiones de tiempo y otras especias me tuve que decidir por el trabajo de las tejedoras mapuche del sur de Chile, pero sin olvidarme que esto surgió por lo vivido con otros artesanos: el luigi Fernandez (un alfarero genial), los chicos del Malón (los gigantes javi, oscar, isa y juani) y sobre todo mis viejos.

El Raly lo canta: "somos artesanos de memorias"... cuando escuche la canción se me vino el tema de estudio al que ojalá me pueda dedicar toda mi vida. Los cafés y las charlas sobre la trova con vladimir le fueron dando forma y la guía de Andrés me dio el pase libre para hacerlo.

Cinco años en Chile... la solidaridad enorme de Agustín, historias de por medio y un par de patines me trajeron a este punto. El viaje comienza en unos días más. Primero (ver mapa) un recorrido de 15 días por lugares únicos para encontrar los casos con los que trabajaré los próximos dos años.

No encontrarán aquí datos y análisis ni nada de esas cosas que en el libro de tesis perderán su color. Este espacio servirá como algo parecido a un libro de bitácora de aquello que suceda en estos dos años.

La etapa 1 termina con la llegada a San Juan el 17 de septiembre para festejar mis 30.Saludos y hagamos memoria juntos...